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La mayor parte de los historiadores están de acuerdo en el hecho de que el paso del reloj no portátil al de bolsillo o de pulsera comenzó hacia mediados del siglo XV, o en la segunda mitad del mismo, y que se hizo posible gracias a la invención de un muelle motriz que transmitía energía y que, al mismo tiempo, ocupaba un espacio muy reducido. Como sucede con las invenciones más importantes, parece que la idea de transformar el reloj de pared o de mesa en un objeto portátil se le ocurrió a más de una persona a la vez. En concreto, la idea la tuvieron varias personas que vivían en el sur de Alemania, en Italia y en Francia. Por tanto, nadie puede afirmar con seguridad quién fue el primero que construyó un reloj de este tipo.

Durante años, este importante invento fue atribuido a Peter Henlien, un herrero de Nuremberg (1500—1503 aprox.), pero recientemente este dato ha sido puesto en discusión. Sin embargo, estas pequeñas discrepancias carecen de importancia, ya que lo fundamental es que se fabricó un reloj de este tipo y de ese modo comenzó el proceso que acabaría transformando aquellos primeros relojes en los que utilizamos hoy, que tendemos a considerar como algo indispensable para nuestra vida diaria. Por desgracia, de los ejemplares realizados en el siglo XV no ha quedado casi ni rastro, por lo que nuestra odisea a través de la historia de los relojes comenzará a partir de los ejemplares del siglo XVI.

La mayor parte del saber se desarrolla por capas y la invención del reloj con sonería al paso de las horas (así es como se denominaba a los primeros relojes) fue una evolución natural originada por el deseo de conseguir que el tiempo fuese algo personal. Antes de que se llevara a cabo este invento, el hombre debía servirse del reloj de la ciudad o del de la pared de su casa (si tenía la suerte de poseer uno). Si se encontraba lejos de ellos, de día debía basarse en un meridiano y de noche en la posición de las estrellas. Si el día era nublado o la noche oscura y lluviosa, el único reloj que tenía a su disposición era su reloj interno, ¡que desde luego no destaca por su fiabilidad!

Afortunadamente, por cada hombre que se dedicaba por completo a la fabricación de un buen reloj, había siempre otro preparado para intentar mejorar esa obra. A lo largo de los siglos, el trabajo y la dedicación de numerosos seres humanos han permitido que hoy podamos saber qué hora es cada vez que lo deseamos, y sin que importe el lugar en que nos encontramos.

Los Relojes en Tiempos de grandes guerras

Para apreciar de verdad el trabajo y la devoción por el arte de estos primeros relojeros puede resultar interesante saber qué sucedía en el mundo en esa época. Además, de este modo será más fácil recordar la evolución de los relojes, ya que podremos asociar los cambios que se fueron produciendo en la industria relojera a unos acontecimientos históricos concretos.

Casi todo el siglo XVI fue un período de importantes desajustes, que empezaron en 1517 cuando Martín Lutero fijó sus 95 tesis en las puertas de una iglesia de Wittenberg. Una de las cosas contra las que protestaba era la venta de indulgencias por parte de la

Iglesia Católica Romana. Estas indulgencias permitían que una persona que hubiese cometido un determinado pecado pudiera ser absuelta por la iglesia mediante el pago de un impuesto. Las protestas de Lutero reunieron a muchos seguidores, que muy pronto empezaron a ser conocidos como “protestantes”.

Alemania se unió a las protestas contra los abusos de la iglesia y al movimiento que se originó se le dio el nombre de Reforma. En 1519 se propagó por Suiza de la mano de Ulrich Zwingli (1484—1531), que residía en Zurich, y de Calvino (1509—1564), instalado en Ginebra. Puesto que los protestantes que seguían a Calvino no podían llevar consigo bienes materiales como joyas y relojes decorados con piedras preciosas, muchos joyeros de Ginebra se trasladaron a Francia y Alemania para ampliar sus competencias, entre ellas, el arte de la relojería. Después de todo, ésa era la época del “hombre universal”, y un individuo podía dedicarse a varios campos de especialización. En ese siglo, Alemania era el país que lideraba el arte de la relojería y los relojeros alemanes se mostraron mucho más que complacidos de poder compartir sus conocimientos con los joyeros que habían llegado desde Ginebra. Es fácil imaginar que este intercambio influyó profundamente en el futuro de la industria.

1598 fue un año de júbilo para los protestantes franceses. El Edicto de Nantes garantizó a los hugonotes los mismos derechos políticos que tenían los católicos. Este clima de paz favoreció el progreso del arte de la relojería y convenció a otros relojeros protestantes para trasladarse a Francia.

En relación a los acontecimientos vinculados a la industria relojera de estos primeros años, las fuentes suelen discrepar entre sí, por lo que hemos decidido presentar un espacio de tiempo de muchos años para que así se puedan valorar mejor los distintos desarrollos.

Muchos de los que se aventuraron en el intento de reducir las dimensiones del reloj de mesa eran herreros, ya que estaban muy acostumbrados a trabajar con instrumentos pequeños. Sin embargo, puesto que no eran ni joyeros ni orfebres, parece probable que se sirvieran de una caja ya fabricada. En este período, la gente tenía que llevar un frasquito de perfume colgado del cuello para poder aspirar el aroma en cuanto aparecían los malos olores que con mucha frecuencia desprendían los senderos, las calles e incluso las personas. No hay que olvidar que era una época en que a una señora se le consideraba excéntrica si se vanagloriaba de bañarse una vez al año sin que fuese necesario.

El frasquito de latón se podía abrir por la mitad para sustituir el almizcle que contenía en su interior, mientras que en la parte superior del propio frasquito había un orificio que facilitaba una mejor salida de la fragancia. Por último, un anillo situado también en la parte superior permitía unir el frasquito a una pequeña cadena. No es de extrañar, por tanto, que muchos de los primeros relojes tuviesen una caja con forma esférica.

Los movimientos era de hierro, un material que los herreros estaban acostumbrados a trabajar, y sólo había una aguja corta de latón que señalaba los doce números romanos que representaban las horas. En la parte exterior, encima de cada número, había una pequeña protuberancia semiesférica de latón, o resalte táctil, que servía para poder leer la hora en la oscuridad. A estos primeros relojes se les denominaba relojes de sonería horaria porque daban las horas y a veces incluían también un despertador. Las posibilidades de encontrar un reloj de sonería horaria con forma esférica del siglo XVI

son muy escasas, pero se puede admirar uno muy especial en la Walter’s Gallery de Baltimore, Maryland. Construido en 1530, es el reloj fechado más antiguo que se conoce. ¡Y el hecho de que su propietario original fuese una persona muy renombrada de su época hace que el descubrimiento resulte aún más emocionante! En la inscripción se lee “PHIL. MELA. GOTT. ALEIN. DIER HER 1530” (Philip Melanchthon. Honor al Único Dios. 1530). Philip Melanchthon (1497—1560) era un reformador protestante de la época.

Las Cajas De Los Relojes Antiguos

Hacia mediados del siglo XVI, las cajas adquirieron forma oval (o de globo) y cilíndrica (o de tambor). Estas formas mantuvieron su auge durante toda esa época, pero pronto se introdujeron también otras formas. Las cajas en forma de almohadilla (rectangulares y con los bordes y los lados pulidos) tuvieron mucha aceptación. Hacia finales de siglo, en cambio, aparecieron las cajas de forma octogonal y las esculpidas completamente en cristal de roca. Los joyeros y los fabricantes de cajas parecían enfrentarse con pasión al reto de estas nuevas formas.

Otros cambios de la caja tienen que ver con los despertadores desmontables, uno de los cuales aparece representado en una pintura italiana al óleo de 1560. En el cuadro aparece un noble italiano que extiende con orgullo su reloj hacia la derecha. Se trata de un típico reloj de la época, con tapa perforada y con broche, que el noble levanta para exhibir el cuadrante. Una cadena cuelga del reloj y el personaje se encuentra de pie junto a una mesa sobre la que se halla expuesta la caja del reloj y el mecanismo del despertador desmontable. Resulta evidente que su valioso reloj podía llevarse colgado del cuello o de la cintura, y también utilizarse como reloj de mesa o, combinado con el despertador, para levantarse por la mañana.

Las decoraciones de la caja también se volvieron más sofisticadas. Se empezaron a elaborar mucho más los agujeros y se incluyeron pájaros, flores, corazones y otros innumerables motivos. Pero no sólo se decoraba la parte superior de la caja, sino también los laterales, y en las zonas no perforadas se añadieron grabados. Hacia 1560, muchos de los relojes con forma de tambor ostentaban unas láminas redondas que en el centro presentaban unas figuras en relieve. La lámina del reloj que aparece a continuación contiene una representación de “Adán y Eva en el jardín del Edén”.

Las Esferas o cuadrantes

Las cajas no fueron las únicas partes del reloj que sufrieron transformaciones. Con el pasar de los años, las esferas y los cuadrantes se cincelaron mucho más. A los rayos del sol, muy populares en esa época, se añadieron estrellas. Otras esferas exhibían motivos como rúbricas, tréboles de cuatro hojas, pájaros o flores; tanta era la variedad, que sería imposible describirla de manera exhaustiva. Hacia finales de siglo se alargaron las colas de las agujas y se empezaron a utilizar para marcar el horario del despertador. Algunas esferas y las agujas presentaban decoraciones esmaltadas.

¿Cómo se produce el tictac?

La mecánica del reloj cambió muy poco a lo largo del siglo. Para dar la hora, muchos relojes se servían no sólo del despertador, sino también de campanas.

Sin embargo, su precisión no había mejorado. Muchos relojes fabricados durante ese siglo incluían meridiano y brújula para garantizar la precisión del reloj.

Tras haber conocido la caja y el cuadrante, ha llegado el momento de analizar cómo podía el reloj producir el tictac. Para apreciar la evolución de los relojes para colgar y de bolsillo, es necesario conocer algunos aspectos de los mecanismos de los primeros relojes antiguos.

La espiral con el balancín dotan de ritmo y armonía a la máquina que llevamos en la muñeca, un elemento que con sólo cinco movimientos mantiene la precisión de nuestro reloj
Todos conocemos el movimiento mecánico más simple de todos los tiempos: El Péndulo, recordamos incluso algunos libros recientes con el mismo título "El péndulo de Foucol".
Un elemento básico compuesto simplemente por una masa oscilante, sujeto a un elemento móvil que lo sujeta a una superficie estable y fija, Los péndulos, por el efecto de la gravedad y el propio roce de los elementos fijos tiende a volver a una posición vertical original;

A nuestro sencillo péndulo le falta la fuerza necesaria para mantener de forma constante su oscilación y la amplitud continua de la cadencia en el movimiento, Le falta la precisión.
Sin embargo nuestro sencillo reloj de pulsera, con su tic-tac tic-tac... inconfundible mantiene una exactitud maravillosa y cada día le exigimos más precisión, más fiabilidad en suma: muchísima más perfección en su cadencia.
Los relojes actuales mecánicos tienen una exactitud fantástica, suelen oscilar entre las 18.000 y las 36.000 oscilaciones por minuto, no son tan perfectos como el cuarzo, pero, quién quiere la perfección.
^Cuidad mucho de vuestros relojes^

¿Qué elementos constituyen el minúsculo mecanismo conocido como movimiento? Empezaremos diciendo que lo más importante que necesita es energía. Dicha energía es transmitida por un muelle motriz que casi siempre se haya alojado en un contenedor denominado “barrilete”. Sin embargo, cuando el muelle perdía su carga, su fuerza disminuía. Así pues, los muelles de los relojes necesitaban un mecanismo que uniformase la energía. Para ello se utilizaron dos tipos de balancines, el fusee y el stackfreed.

El fusee

El fusee ya se había utilizado en los relojes de mesa o de pared cien años antes del desarrollo del reloj de bolsillo y, por tanto, su uso en los primeros relojes resultó muy natural. Nadie sabe con certeza en qué momento se empezó a utilizar, pero sí sabemos que Leonardo da Vinci lo citó con frecuencia, tanto que se ha ganado el que algunos le atribuyan su invención. Los franceses prefirieron un fusee alto y de diámetro más bien pequeño que, sin embargo, tuvo como resultado un movimiento más amplio. El fusee es una pieza de metal en forma de cono cuya parte exterior forma un espiral. Puede recordar un sendero que sube rodeando una montaña. Una cuerda de tripa (y, aproximadamente a partir de 1670, una cadena) quedaba fijada tanto al barrilete del muelle motriz como a la parte ancha del cono. Cuando se cargaba el reloj, la cuerda se desenvolvía del barrilete y se iba envolviendo alrededor del espiral del fusee, desde la parte más ancha hasta la más estrecha. A medida que la cadena (o cuerda) se desenvolvía del barrilete, el mecanismo envolvía al muelle motriz. Cuando el muelle motriz agotaba la carga, recibía una compensación de energía desde la parte más ancha del cono. Esto contribuía a garantizar una fuerza relativamente constante.

 

El stackfreed

Muchos relojeros alemanes prefirieron utilizar el stackfreed, como atestigua la cantidad de relojes de ese país que incorporan este tipo de balancín. El excéntrico (A), en el centro del reloj que aparece en la foto de al lado, se define también “caracola” por su característica forma. El muelle rígido (B) con un pequeño rodillo (C) se utiliza para aplicar presión sobre la caracola, o excéntrico en espiral, que crea rozamiento en los pernos del eje del muelle motriz. Este rozamiento varía en función de la cantidad de presión que el muelle stackfreed ejerce sobre el excéntrico por medio del pequeño rodillo. Cuando la caracola inicia su torsión con el muelle motriz completamente

envuelta, consigue su radio más amplio y así se produce la cantidad máxima de rozamiento, que tiende a uniformar el muelle motriz. En el momento en que el muelle motriz comienza a agotar la carga y tiene menor torsión, la caracola llega al mínimo de su radio con respecto al eje y produce la cantidad de rozamiento más baja.

Una vez que se obtenía una energía bastante uniforme, era necesario controlarla con el escape (con la ayuda de un balancín oscilante) para que las agujas se moviesen con la velocidad precisa y marcasen las horas de manera correcta. Dos de los mecanismos reguladores utilizados en estos primeros relojes fueron el dumbbell, una barra oscilante (véase la imagen inferior), y la rueda (véase la imagen inferior). Su función era parecida a la de un péndulo. Los alemanes construyeron y utilizaron el dumbbell, u oscilador foliot, mientras que los franceses optaron por la rueda. Ambos tipos de reguladores recibían la energía proporcionada por el muelle motriz y contribuían a regular el escape.

 

El escape

Los relojes se suelen definir por su escape. El tipo de escape que se utilizaba en estos primeros relojes es conocido con el nombre de verge and fusee y se utilizó durante más de doscientos años. Como sucede con otros elementos vinculados al movimiento de los relojes, nadie sabe a ciencia cierta quién fue su inventor. Pero observemos con más detalle el escape verge.

El eje del balancín (B) presenta dos banderitas llamadas paletas. Estas paletas están colocadas en la parte superior e inferior de la corona dentada (C), situada perpendicularmente con respecto al eje del balancín. La corona dentada puede identificarse gracias a sus pequeños y afilados dientes, parecidos a las puntas de una corona, pero con la diferencia de que se hallan ligeramente inclinados hacia un lado.

Ahora, gracias a este antiguo dibujo de un reloj francés que reproducimos a continuación, podemos examinar estos elementos en su conjunto.

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